Soneto a la rosa




En el aire quedó la rosa escrita.
La escribió, a tenue pulso, la mañana.
Y, puesta su mejilla en la ventana
de la luz, a lo azul cumple la cita.

Casi perfecta y sin razón medita
ensimismada en su hermosura vana;
no la toca el olvido, no la afana
con su pena de amor la margarita.

A la luna no más tiende los brazos
de aroma y anda con secretos pasos
de aroma, nada más, hacia su estrella.

Existe, inaccesible a quien la cante,
de todas sus espinas ignorante,
mientras el ruiseñor muere por ella.


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3 pensamientos:

Manolo Jiménez dijo...

Soneto delicado como una copa de cristal de Bohemia; tan sutil que al leerlo en voz alta tenía miedo quebrarlo en algún verso y que no se pudiese arreglar.

No escribes, pero seleccionas textos como nadie.

Abrazos, Maestra.

Rafa dijo...

Entre el sol y el silencio
algo se desdibuja.

¡Gracias

Rafa dijo...

...

!

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